Aquí todo vale!

Si en cualquier otro país el gobierno (y no los jueces) utilizase a la policía para investigar y desacreditar a la oposición; utilizase a los medios de comunicación para publicitar unas noticias y censurar otras en función de sus intereses; aprobase leyes como la Ley Mordaza que sancionan manifestaciones no violentas y pretenden “blindar” las actuaciones policiales. Si algo de todo esto pasase en otro lugar del mundo pensaríamos que se trata de una república bananera en el mejor de los casos, o de una dictadura en el peor. Pero no, se trata de Españistán!

Y tranquilos, no somos una dictadura, estamos en el mejor de los casos….

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#NoEsSano

Hace unas semanas me encontré en twitter con una campaña promovida por diversas organizaciones dirigida a dar a conocer los problemas que acarrea un sistema de investigación y desarrollo de los medicamentos centrado en la inversión por parte de empresas privadas: las empresas farmacéuticas. Esta campaña se llama NO ES SANO, y podéis encontrar toda la información acerca de la misma en http://noessano.org/es.

Como casi siempre que leo alguna crítica relacionada con la faceta social de alguna empresa privada, me asaltó la duda de si realmente estas empresas estaban haciendo algo mal. Lo primero que leí fue que la investigación desarrollada por las empresas farmacéuticas se centraba sólo en enfermedades “rentables”, aquellas que se sufren en el mundo desarrollado y por personas que se pueden permitir pagar mucho por la cura. El segundo mensaje que encontré es que las empresas farmacéuticas fijan sus precios con el objetivo de maximizar su beneficio, de forma que el precio de los medicamentos que compramos no corresponde a su coste (coste de investigación+desarrollo+fabricación) sino al precio máximo que el cliente está dispuesto a pagar (o puede pagar). Como casi siempre, me quedó la sensación que estas empresas PRIVADAS estaban haciendo lo que se le pide a cualquier empresa: rentabilizar al máximo la inversión económica realizada por sus dueños, y maximizar su beneficio.

Sin embargo, este planteamiento presenta varios inconvenientes muy importantes. Por un lado, el priorizar la investigación de enfermedades “rentables” hace que no se invierta en estudiar aquellas enfermedades que se sufren principalmente en el Tercer Mundo ni aquellas enfermedades raras que se sufren por un número muy reducido de pacientes. En segundo lugar, el incremento del precio de los nuevos medicamentos por encima de su coste real tiene dos consecuencias muy graves: los hace inaccesibles para la parte más desfavorecida de la población (incluyendo todo el Tercer Mundo y gran parte del “Primer Mundo”), y provoca que el gasto en medicamentos del sistema sanitario público (de aquellos países que disponen de uno) aumente considerablemente, pudiendo llegar a hacerlo insostenible a medio plazo.

En resumen, este modelo de investigación de las enfermedades nos lleva hacia una situación en la cual un pequeño grupo de población, la más rica, tendrá acceso a medicinas y tratamientos de última generación a un precio muy elevado, mientras el resto del mundo tendrá que conformarse con tratamientos desfasados porque ni ellos ni su sistema público de sanidad podrán permitirse el acceso a las últimas tecnologías para la curación de ciertas enfermedades. Y la situación será aún peor en el caso de las personas que sufren enfermedades raras, puesto que se encontrarán (de hecho ya se encuentran) con que no se investigarán tratamientos para tratar esas enfermedades.

La solución: hay que dirigir el tiempo y el dinero de investigación de forma que se maximice el bien social, aunque esta no sea la dirección mas rentable económicamente.Y puesto que no parece lógico exigir a una empresa privada que actúe como una ONG, tendrán que ser los gobiernos y organismos públicos los que den la cara y se encarguen de invertir dinero, planificar un modelo para la investigación de las enfermedades, y dotar de medios a los investigadores para que desarrollen su trabajo y lo pongan al alcance de todos al precio más razonable posible.

Y nosotros, los ciudadanos, tenemos que ser los responsables de exigírselo.

P.D. Conclusión: hay que optimizar el funcionamiento de lo público para que gestione servicios básicos (sanidad, educación, seguridad,…) con criterios sociales, sin que ello suponga un despilfarro de dinero y un foco de corrupción.

Símbolos ofensivos.

Como suele pasar en los últimos años, la final de la Copa del Rey de fútbol se ha convertido en un escaparate para manifestarse a favor de la independencia, o quizá en contra del “españolismo”. Tras el espectáculo del año pasado, cuando se denunció la pitada al himno, este año algún lumbrera decidió prohibir que el público entrase al estadio con la senyera (bandera que representa al independentismo catalán). Es difícil encontrar algún argumento lógico para explicar esta  prohibición, desde luego a nadie se le puede pasar por la cabeza que mediante este tipo de medidas  se pretenda calmar los ánimos o favorecer la convivencia. La única explicación para esta decisión viene dada por el hecho de que nos encontremos en pre-campaña electoral, y nuestros queridos políticos tienen por costumbre recurrir a las banderas y los himnos para fidelizar a sus votantes (o seguidores).

El caso es que cada vez que leo noticias en las que se mencionan “delitos” relacionados con ofensas a símbolos religiososo o de nacionalidad se me dispara una alarma interna.

Cada uno tenemos nuestros propios símbolos (religiosos, nacionales, deportivos) y nos relacionamos con ellos de una manera diferente. ¿Con qué criterio unos sentimientos se consideran más importantes que otros, y se decide que deben ser respetados por ley? ¿Por qué motivo una bandera es legal y otra ilegal si las dos son trozos de tela y cada una tiene sus fanáticos detrás?

No quiero con esto defender que se pueda expresar cualquier cosa mediante símbolos, los hay que representan a organizaciones (terroristas) o a movimientos (nazismo) que representan un ataque directo hacia personas, y que por lo tanto no deberían ser exhibidas de forma gratuita.

Mi inquietud es que en ocasiones se juzguen las ofensas a unos símbolos como si éstos fuesen sagrados, algo que nos acerca más a la edad media que al siglo XXI. O que se confundan ataques hacia un sentimiento con ataques a las personas que lo hacen suyo, cuando los sentimientos son entes abstractos y no personas concretas.

Entiendo que la libertad de expresión se limite cuando se utilice para faltar al respeto a una persona, pero limitarla para defender un sentimiento me parece un disparate. Y en todo caso, si alguna idea/sentimiento merece ser defendido sería sin duda aquel que sirva para hacer avanzar el mundo en que vivimos, y seguro que los sentimientos religiosos y nacionalistas no entran en este capítulo.

En resumen, creo que los símbolos y los sentimientos son inventos humanos con los que nos podemos sentir más o menos identificados, pero en ningún caso un ataque o una falta de respeto hacia éstos pueden ser considerados como ataques hacia las personas que creen en ellos.

Un amigo en crisis

Imaginemos:

Un amigo con problemas económicos decide pedir dinero prestado porque no llega a fin de mes. En meses sucesivos no se producen cambios significativos en el día a día de sus actividades (ni tampoco se puede decir que se busquen con demasiado ahínco) por lo que, para seguir con su vida y devolver los intereses del préstamo, no tiene más remedio que pedir más dinero. La bola de nieve crece y crece… Y sigue creciendo, hasta que tu amigo decide que tiene que buscar una solución: voy a vender alguno de mis negocios para conseguir dinero y pagar parte de lo que debo. Ok, intenta vender aquellos que le están costando dinero, pero claro: nadie los quiere comprar… Solución: vender los que producen beneficios, hacer caja, pagar parte de la deuda, quedarse con los negocios deficitarios que nadie quiere, seguir con su vida, perder más dinero, pedir más prestado,…

Vale, suficiente. Ya te imaginas que tu amigo imaginario va a acabar en la ruina, el banco lo va a desahuciar, o el prestamista le va a sacar hasta los ojos para cobrarse la deuda,… la ruina.

Ahora cambia la palabra “amigo” por “país”, cambiemos “negocios” por “empresas públicas”, y si quieres le ponemos nombre y le llamamos Españistán. Y como no se puede desahuciar un país, solo nos queda que nos saquen los ojos: bajada de salarios y pensiones, subida de impuestos, y recortes del “estado de bienestar” (sanidad y educación). Todo destinado a liberar algo de dinero para devolver los intereses a nuestros prestamistas.

Si un amigo nuestro hiciese algo así pensaríamos que ha perdido los papeles. Que no va a salir de la espiral mientras no se centre y decida a qué actividad quiere dedicarse en el futuro. Que vender un negocio que da dinero y quedarse con el que genera deudas sólo va a empeorar el problema. Y  que dejar de cuidarse y de estudiar no le va a ayudar, si no todo lo contrario.

No me atrevo a opinar acerca de la solución a la crisis porque es algo de lo que no tengo la menor idea, pero sí creo que se puede criticar la solución que le estamos dando actualmente, y partiendo sólo del sentido común que utilizamos cuando analizamos las acciones de nuestros “amigos”.

Bienvenida

Me alegro de escribirte.

Siento decirte que lo hago solo para satisfacer mi propia curiosidad, sin ningún conocimiento de recursos literarios que me ayuden a hacer de estos textos algo atractivo desde un punto de vista literario, y sin saber cuál es el objetivo de los mismos.

En cualquier caso, espero que encuentres algo interesante en ellos, que sirvan para expresar algunas de las pocas ideas, o dudas, que pasan por mi cabeza, y que me sirvan para aprender a comunicarme algo mejor de forma escrita.

Te agradezco cualquier comentario que quieras dejarme.

Bienvenidos.