Símbolos ofensivos.

Como suele pasar en los últimos años, la final de la Copa del Rey de fútbol se ha convertido en un escaparate para manifestarse a favor de la independencia, o quizá en contra del “españolismo”. Tras el espectáculo del año pasado, cuando se denunció la pitada al himno, este año algún lumbrera decidió prohibir que el público entrase al estadio con la senyera (bandera que representa al independentismo catalán). Es difícil encontrar algún argumento lógico para explicar esta  prohibición, desde luego a nadie se le puede pasar por la cabeza que mediante este tipo de medidas  se pretenda calmar los ánimos o favorecer la convivencia. La única explicación para esta decisión viene dada por el hecho de que nos encontremos en pre-campaña electoral, y nuestros queridos políticos tienen por costumbre recurrir a las banderas y los himnos para fidelizar a sus votantes (o seguidores).

El caso es que cada vez que leo noticias en las que se mencionan “delitos” relacionados con ofensas a símbolos religiososo o de nacionalidad se me dispara una alarma interna.

Cada uno tenemos nuestros propios símbolos (religiosos, nacionales, deportivos) y nos relacionamos con ellos de una manera diferente. ¿Con qué criterio unos sentimientos se consideran más importantes que otros, y se decide que deben ser respetados por ley? ¿Por qué motivo una bandera es legal y otra ilegal si las dos son trozos de tela y cada una tiene sus fanáticos detrás?

No quiero con esto defender que se pueda expresar cualquier cosa mediante símbolos, los hay que representan a organizaciones (terroristas) o a movimientos (nazismo) que representan un ataque directo hacia personas, y que por lo tanto no deberían ser exhibidas de forma gratuita.

Mi inquietud es que en ocasiones se juzguen las ofensas a unos símbolos como si éstos fuesen sagrados, algo que nos acerca más a la edad media que al siglo XXI. O que se confundan ataques hacia un sentimiento con ataques a las personas que lo hacen suyo, cuando los sentimientos son entes abstractos y no personas concretas.

Entiendo que la libertad de expresión se limite cuando se utilice para faltar al respeto a una persona, pero limitarla para defender un sentimiento me parece un disparate. Y en todo caso, si alguna idea/sentimiento merece ser defendido sería sin duda aquel que sirva para hacer avanzar el mundo en que vivimos, y seguro que los sentimientos religiosos y nacionalistas no entran en este capítulo.

En resumen, creo que los símbolos y los sentimientos son inventos humanos con los que nos podemos sentir más o menos identificados, pero en ningún caso un ataque o una falta de respeto hacia éstos pueden ser considerados como ataques hacia las personas que creen en ellos.

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