Un amigo en crisis

Imaginemos:

Un amigo con problemas económicos decide pedir dinero prestado porque no llega a fin de mes. En meses sucesivos no se producen cambios significativos en el día a día de sus actividades (ni tampoco se puede decir que se busquen con demasiado ahínco) por lo que, para seguir con su vida y devolver los intereses del préstamo, no tiene más remedio que pedir más dinero. La bola de nieve crece y crece… Y sigue creciendo, hasta que tu amigo decide que tiene que buscar una solución: voy a vender alguno de mis negocios para conseguir dinero y pagar parte de lo que debo. Ok, intenta vender aquellos que le están costando dinero, pero claro: nadie los quiere comprar… Solución: vender los que producen beneficios, hacer caja, pagar parte de la deuda, quedarse con los negocios deficitarios que nadie quiere, seguir con su vida, perder más dinero, pedir más prestado,…

Vale, suficiente. Ya te imaginas que tu amigo imaginario va a acabar en la ruina, el banco lo va a desahuciar, o el prestamista le va a sacar hasta los ojos para cobrarse la deuda,… la ruina.

Ahora cambia la palabra “amigo” por “país”, cambiemos “negocios” por “empresas públicas”, y si quieres le ponemos nombre y le llamamos Españistán. Y como no se puede desahuciar un país, solo nos queda que nos saquen los ojos: bajada de salarios y pensiones, subida de impuestos, y recortes del “estado de bienestar” (sanidad y educación). Todo destinado a liberar algo de dinero para devolver los intereses a nuestros prestamistas.

Si un amigo nuestro hiciese algo así pensaríamos que ha perdido los papeles. Que no va a salir de la espiral mientras no se centre y decida a qué actividad quiere dedicarse en el futuro. Que vender un negocio que da dinero y quedarse con el que genera deudas sólo va a empeorar el problema. Y  que dejar de cuidarse y de estudiar no le va a ayudar, si no todo lo contrario.

No me atrevo a opinar acerca de la solución a la crisis porque es algo de lo que no tengo la menor idea, pero sí creo que se puede criticar la solución que le estamos dando actualmente, y partiendo sólo del sentido común que utilizamos cuando analizamos las acciones de nuestros “amigos”.

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