#NoEsSano

Hace unas semanas me encontré en twitter con una campaña promovida por diversas organizaciones dirigida a dar a conocer los problemas que acarrea un sistema de investigación y desarrollo de los medicamentos centrado en la inversión por parte de empresas privadas: las empresas farmacéuticas. Esta campaña se llama NO ES SANO, y podéis encontrar toda la información acerca de la misma en http://noessano.org/es.

Como casi siempre que leo alguna crítica relacionada con la faceta social de alguna empresa privada, me asaltó la duda de si realmente estas empresas estaban haciendo algo mal. Lo primero que leí fue que la investigación desarrollada por las empresas farmacéuticas se centraba sólo en enfermedades “rentables”, aquellas que se sufren en el mundo desarrollado y por personas que se pueden permitir pagar mucho por la cura. El segundo mensaje que encontré es que las empresas farmacéuticas fijan sus precios con el objetivo de maximizar su beneficio, de forma que el precio de los medicamentos que compramos no corresponde a su coste (coste de investigación+desarrollo+fabricación) sino al precio máximo que el cliente está dispuesto a pagar (o puede pagar). Como casi siempre, me quedó la sensación que estas empresas PRIVADAS estaban haciendo lo que se le pide a cualquier empresa: rentabilizar al máximo la inversión económica realizada por sus dueños, y maximizar su beneficio.

Sin embargo, este planteamiento presenta varios inconvenientes muy importantes. Por un lado, el priorizar la investigación de enfermedades “rentables” hace que no se invierta en estudiar aquellas enfermedades que se sufren principalmente en el Tercer Mundo ni aquellas enfermedades raras que se sufren por un número muy reducido de pacientes. En segundo lugar, el incremento del precio de los nuevos medicamentos por encima de su coste real tiene dos consecuencias muy graves: los hace inaccesibles para la parte más desfavorecida de la población (incluyendo todo el Tercer Mundo y gran parte del “Primer Mundo”), y provoca que el gasto en medicamentos del sistema sanitario público (de aquellos países que disponen de uno) aumente considerablemente, pudiendo llegar a hacerlo insostenible a medio plazo.

En resumen, este modelo de investigación de las enfermedades nos lleva hacia una situación en la cual un pequeño grupo de población, la más rica, tendrá acceso a medicinas y tratamientos de última generación a un precio muy elevado, mientras el resto del mundo tendrá que conformarse con tratamientos desfasados porque ni ellos ni su sistema público de sanidad podrán permitirse el acceso a las últimas tecnologías para la curación de ciertas enfermedades. Y la situación será aún peor en el caso de las personas que sufren enfermedades raras, puesto que se encontrarán (de hecho ya se encuentran) con que no se investigarán tratamientos para tratar esas enfermedades.

La solución: hay que dirigir el tiempo y el dinero de investigación de forma que se maximice el bien social, aunque esta no sea la dirección mas rentable económicamente.Y puesto que no parece lógico exigir a una empresa privada que actúe como una ONG, tendrán que ser los gobiernos y organismos públicos los que den la cara y se encarguen de invertir dinero, planificar un modelo para la investigación de las enfermedades, y dotar de medios a los investigadores para que desarrollen su trabajo y lo pongan al alcance de todos al precio más razonable posible.

Y nosotros, los ciudadanos, tenemos que ser los responsables de exigírselo.

P.D. Conclusión: hay que optimizar el funcionamiento de lo público para que gestione servicios básicos (sanidad, educación, seguridad,…) con criterios sociales, sin que ello suponga un despilfarro de dinero y un foco de corrupción.

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